La Trampa de la Droga.
Cuando uno lee el Génesis bíblico, en el pasaje en que Adán y Eva son probados en el Paraíso con el mandato de no comer una fruta prohibida, se tiene la tentación de pensar que es una narración juvenil, casi infantil. No parece encontrarse profundidad, ni mensaje en la simple prohibición de tomar unas manzanas de un determinado árbol. Sin embargo, en nuestra vida moderna ocurre mil veces el mismo pecado de estúpida desobediencia.
Todas las personas saben perfectamente que la droga es nociva, todas saben el porqué, ya que se las ha advertido cientos de veces, se las ha mostrado sus daños en lo seres incautos, se les ha enseñado el titánico poder adictivo que poseen... Como si nada, cada cual quiere experimentar por sí mismo, no le bastan los consejos, las enseñanzas, las leyes impuestas, no, se tiene curiosidad, y muy dentro de sí, como Adán y Eva, se imagina uno que está siendo engañado y que si desobedece podrá saborear las fuentes de la felicidad. La vieja tentación de la desconfianza, de la curiosidad, de la posesión del placer se repite una y mil veces en cada joven que se inicia en el mundo de la droga. Luego se culpará la sociedad ("la serpiente nos engañó.."), al estado de la nación, a la Iglesia, a todos los seres humanos que parecen involucrados, porque ellos no han podido eliminarles la tentación, porque ellos, ahora, ya no pueden hacer mucho para sacarles del atolladero en que ellos solitos se han metido.
Hay cientos de drogas que el hombre consume a lo largo de toda la Geografía mundial. Todas ellas tienen como factores comunes: el parecido químico a las endorfinas y a las encefalinas, o la activación productiva de las mismas o su parecido modo de actuar en el organismo: interactuando el equilibrio entre placer y dolor.
En el Sistema Nervioso Central, en su Sistema límbico, así como en el Hipotálamo e Hipófisis, las endorfinas y las encefalinas producen la sensación de placer, al igual que amortiguan o eliminan la sensación de dolor. Las 24 horas del día están funcionando, de manera que "premian" determinadas funciones como el sueño, la alimentación, las necesidades, el sexo, la dinámica del juego o actividad deportiva, la audición musical, o incluso hasta la propia respiración. A la vez reducen dolores y molestias posturales, de percusión ósea en el ejercicio, de ayuno, de sed, de cansancio, e incluso de traumatismos o de enfermedades, de los que son el calmante natural. Estas sustancias se denominan endorfinas y las hay de muy diversas clases. Se activan por vía de excitación natural, pero también es posible activarlas por vía artificial mediante masajes, presión digital de determinados centros nerviosos y con acupuntura (en este caso se supone se trata de encefalinas). Éstas técnicas artificiales no son peligrosas, pues tienen la limitación propia de la producción natural de endorfinas por el propio individuo; quiero decir que ante el abuso en su estimulación, el organismo responde con una limitación de la sensación, con lo que el proceso termina anulado sin problema alguno. No así cuando el hombre utiliza la "llave falsa" de la caja del placer, abusando continuamente del mismo con la llave externa de la droga..
En la naturaleza el hombre ha encontrado muy diversas sustancias muy parecidas químicamente a las endorfinas que producen una acción similar, (agonista), con ellas: se produce placer además de que se elimina el dolor, aunque, eso sí, con determinados efectos tóxicos no deseables, que en un principio, dadas las nimias cantidades iniciales, no se manifiestan, pero sí lo hacen siempre, lamentablemente, al final.
El individuo celebra el hallazgo y la experiencia de la droga recién experimentada que parece buena y agradable. Como no aprecia aún daño alguno, la repite y repite más y más veces hasta empezar a darse cuenta de que necesita un ritmo más rápido o una dosificación mayor para conseguir la misma sensación que las primeras veces. Como la droga la tiene a mano, tan sólo requiere dinero, pues ahí la tiene dispuesta a abrir la caja del placer, eso sí, como en la ley de la oferta y la demanda, cada vez más caro, porque cada vez va requiriendo más plata. Llega un momento en que la cuestión se va complicando y el individuo decide dar marcha atrás, reducir o limitar la entrada de estupefaciente, dado que el efecto ya va siendo raquítico., y el gasto monetario gigante. Pero,..... ¡Ay dolor!.......Aparece el dolor, y es insoportable, es decir : va apareciendo la esclavitud.
Esto es algo con lo que no se contaba. Nos hablaron de placer, y no de molestias o dolores. Las auténticas endorfinas y encefalinas inhibidas por tanta "falsa llave" que ha entrado, han desaparecido completamente del organismo y ya no quitan las molestias naturales del dolor, que en sus más ligeros grados se llega a hacer insoportable. El individuo ha empezado a padecer el síndrome de privación, es lo que llamamos en el argot de la calle "el mono".
Ahora tenemos una persona que no goza de nada en absoluto, pero que se ve obligada a delinquir para procurarse "llaves falsas nuevas" con las que disminuir tanta molestia, tanto malestar, tanto dolor físico. El hombre ha sido nuevamente "arrojado del Paraíso". De ahí el tan frecuente paso de una droga o otra.
Al no poder erradicar su consumo, no tarda mucho tiempo en agregarse el efecto tóxico de la droga, es decir: los daños secundarios, la inhibición del apetito que deja a la persona totalmente enflaquecida o caquéctica, las infecciones intercurrentes (como el sida, si hay pinchazos), la oligofrenia, las alucinaciones, el fracaso renal, el fallo hepático y por último el fracaso de los centros respiratorios que llaman rápidamente a la muerte. Muchas veces la mortal guadaña es el único medio capaz de cortar definitivamente el círculo vicioso del consumo-adicción de la droga.
Fin de trayecto: La muerte en cualquier lugar .
Alcohol, Tabaco, Cannabis, Cocaína, Opio, Morfina, Heroína, Anfetaminas y mil drogas sintéticas derivadas de las anteriores se van agregando a nuestro mundo, y como vemos no falta nunca gente con ganas de experimentarlas, gente que se deja engañar y que acaba engañándose a sí misma pensando: "cuando quiera lo dejo".
Desgraciadamente el individuo, sólo con una conciencia clara de que va hacia la muerte, junto con una voluntad férrea para hacer frente al dolor y con el indispensable apoyo de otras personas que le vigilen y cuiden, conseguirá, mediando una buena temporada, salir de las arenas movedizas que suponen la trampa de la droga. Pero....¿Hasta cuando?..
Hemos hablado de la dependencia física que produce la droga, que es, sin duda, las más grave. Pero es que existe otra dependencia que es capaz de malograr todas los procesos de curación o desintoxicación, y es la dependencia psicológica.
Ésta consiste en el apego a todo el ambiente conocido durante la adicción a la droga, incluido el lugar, los bares o sitios de alterne, los amigos y conocidos, las actividades realizadas, incluso el mercadeo de la misma. El placer de la droga, si es compartido con otros, aumenta y esto es porque el sabor de la culpa con la que el subconsciente nos frenaría antes de recaer, queda muy diluido en ellos y con ellos.. Si todos lo hacen....¿Porqué yo no...? Todo eso es un factor muy poderoso que doblegaría fácilmente la voluntad del individuo curado hacia un nuevo consumo del mismo estupefaciente. Por eso es indispensable muchas veces el cambio de actividad, de lugar, de profesión o de circunstancias. Por eso los que han triunfado en la desintoxicación se suelen quedar en centros de rehabilitación, bien para perdonarse a sí mismos ayudando a otros que entran, o para vigilarse y controlarse conjuntamente, ya que la reincidencia es sumamente fácil.
La presencia del exdrogadicto es muy conveniente como ejemplo de posible superación en los centros de apoyo y de control. Es el testimonio experimentado en los centros de "Alcohólicos Anónimos", una institución que lucha con un alto porcentaje de éxitos contra el vicio del alcoholismo.
¿Merece la pena en el mundo de la droga satisfacer la curiosidad, la auto-experimentación, desconfiando de los consejos que se nos han dado? .- Pues NO
Jonás 2003_2019_2024