La masturbación
La masturbación humana es la excitación y eyaculación sexual consigo mismo. También es llamada onanismo, pues la Biblia nos relata cómo un individuo, llamado Onán, para no tener hijos la practicaba a solas . Fu cosa que, naturalmente, no agradó a nuestro Dios y creador de la vida, que la declaró grave pecado.
La sexualidad lleva un premio placentero incorporado a la transmisión de la vida, que la especie humana, a diferencia de otros animales, trata de disfrutar frecuentemente de modo egoísta, es decir: sin compromiso ni responsabilidad alguna. Es el placer sexual íntima satisfacción originada en cada uno de los sentidos corporales, destacando el último, el tacto, en el que, como caricia, da lugar a la eyaculación final.
Se suele decir que también los animales se masturban, pero esa razón tan justificativa hacia nosotros, no se halla completamente estudiada. En los animales en libertad, es cierto que se observan muchas veces frotamientos sensitivos que pueden ser originados por picadura de insectos o bien por juegos necesarios para mantenimientos musculares. En los animales en cautividad no podemos asegurar lo que es normal o no, pues su situación de limitada movilidad y la falta de seres homólogos del sexo contrario no nos permiten juzgar sus actos como naturales y además, como en el caso de los animales libres se juzga que eyaculan sin nunca analizar microscópicamente el fluido eliminado por los órganos sexuales, diferenciándolo del habitual marcador territorial: la orina común.
En el ser humano podemos decir que la masturbación es aún más imperfecta que la animal si es que esta existiese. Este desorden no es origen directo de enfermedades por sí misma, ni tampoco es un acto normal, sano y aconsejable, como hoy día predican muchos sanitarios, quitando responsabilidad a los actos que tantas personas practican.
El ser humano debe distinguirse del animal común por el conocimiento de sí mismo, de su origen, y de su final. Debe gozar ordenadamente de su vida sin abusar de nada. No obstante vemos que come desmesuradamente para percibir más placer, vemos que bebe buscando nuevos sabores y sensaciones que le agraden, a pesar de que le embriaguen, y vemos que utiliza continuamente la exhibición erótica sin permitir llegar su finalidad reproductiva. También vemos que descubre sustancias adictivas productoras de nuevas sensaciones y se sumerge en ellas sin freno alguno creyendo ingenuamente que hay que probarlo todo.
Ignora el hombre que su libertad siempre se limita por los actos realizados. Así ocurre en el comienzo de la obesidad por gula, o del tabaquismo, o del alcoholismo, o de la sexualidad dónde y como sea. También conocemos las pérdidas absolutas de la libertad entre nosotros por el número de drogas consumidas y por los viciosos juegos de azar existentes de apariencia remuneradora. Generalmente la masturbación repetidamente comienza en una revista o espectáculo pornográfico y termina vergonzosamente en un reservado lugar privado.
La castidad mantenida, en contra de los prejuicios implantados, nunca produce daño alguno, sino al contrario, es saludable y permite la elección razonable de la pareja más indicada. El control de los instintos favorece la voluntad en las necesarias labores a realizar durante toda la vida. Incluso mantiene la religiosidad y la fe, según la opinión de San Alfonso María de Ligorio, quien decía: "nadie es ateo, sino el impuro".
No nos engañemos: la masturbación es un profundo desorden biológico implantado, como alimentarse sólo de aire y agua para no engordar, es un absoluto fracaso sexual. Es una degeneración irracional similar a la impuesta por las costumbres de aquella Roma imperial en la que se comía, se vomitaba y se volvía a comer varias veces, para repetir más actos de placer.
Acabemos con los mitos y llamemos al pan: pan y al vino: vino.
Jonás / Diciembre 2024.