LA LÁMPARA DEL MIOCARDIO
A mi querida esposa
que anima cada latido de mi corazón
Decía Ramón Gómez de la Serna en una de sus ingeniosas
greguerías que cuando se funde una bombilla en
casa, deberíamos agradecérselo al hado de la muerte, porque quizás venía
a reventar un corazón humano y se conformó con fundir un filamento de
tungsteno. Marcada la comparación, es ciertamente el corazón, como el filamento
de una lámpara , un órgano muchas veces impredecible. Todos conocemos casos
cercanos de personas jóvenes, en apariencia sanas y normales, que han caído
fulminadas por el rayo del infarto de miocardio.
La historia de los latidos cardíacos es nuestra propia
historia. Desde muy temprano el crecimiento embriológico ya comienza su
incansable ritmo, y a un régimen de 120 o 140 pulsaciones por minuto. Tras el
nacimiento baja a unas 80 p/min y en la edad adulta puede llegar en reposo a
redondear las 60 p/min, dependiendo claro está de la función, sea de reposo,
ejercicio, digestión, etc. Alguien se ha entretenido en calcular los latidos
cardíacos de una vida media de 70 años (80 x 60 x 24 x 30 x 12 x 70 =
2.903.040.000). Unos 3 billones de contracciones cardíacas impulsando nuestra
sangre por los tejidos de todo el cuerpo.
No existe órgano más fiel, más cumplidor y más responsable de un trabajo tan
arduo encomendado. En un proceso de
envejecimiento en el que ya otros órganos se ven implicados, nada tiene que
sorprendernos su fallo, pero en un individuo con una edad más o menos joven, sí que nos impacta el que se
pueda producir el paro cardíaco de una forma tan fulminante.
¿Está cada célula cardiaca programada a un número concreto de
contracciones? .¿Es la causa una alteración grave del Sistema Nervioso
Central que para en seco el ritmo
incesante del órgano de la vida?. No lo
sabemos.
Ante tal eventualidad no nos queda más que intentar
prevenirla, e intentar poseer , en el peor de los casos, una terapéutica rápida y apropiada.
PREVENCIÓN.-
En el caso de una simple bombilla sería mantener el filamento
a un voltaje no alto, pues el exceso de éste acorta su vida. En el caso del
corazón sería mantener una tensión arterial adecuada a lo largo de la
existencia, sin excesos. Decía también Marañón que el hombre tiene la edad de
sus arterias, y culpaba de esto a la tensión. Habrá que evitar por tanto las
comidas saladas, porque hacen retener
más líquido y dan mayor trabajo y tensión al corazón y a los riñones..
Evitar el sedentarismo porque el corazón debe saber hacer
frente a demandas súbitas, debe de saber aguantar taquicardias necesarias, debe
tener un latido eficiente capaz de irrigar de manera segura todo el cuerpo. Sin
embargo también habría que evitar los esfuerzos violentos, sobre todo en
personas poco habituadas a ello, como ocurre en maratones o en carreras
populares en los que lo normal es que siempre aparezcan personajes shockados, y
a veces con fallos coronarios graves. A lo largo de la vida va bajando el
umbral de peligro de infarto. (sería el de pulsaciones 200 menos la edad). A
los 20 años comenzaría en las 180 pulsaciones/minuto (algunos jóvenes
cocainómanos lo sobrepasan y por esta causa sufren daño miocárdico), a los 30
sería 170, a los 40 serían 160, a los 50 serían 150, a los 60 serían 140 y a
los 70 años se rebajaría a unas 130
pulsaciones/minuto . Ente ambos extremos todo un abanico de edades y
circunstancias.
Evitar el depósito de colesterol en las arterias coronarias.
Una dieta sin exceso de grasa saturada, sin exceso de mantequilla o lácteos
enteros, digo sin exceso y no con carencia de ellos, porque la total falta de
ellos también supone una déficit calórico, una caída de vitaminas liposolubles y la pérdida de
un grato sabor gastronómico.
Evitar el descontrol en enfermedades metabólicas como la
diabetes, que es una de las primeras causas de accidentes vasculares.
ANTE EL FALLO CARDIACO.-
Existen una serie de medidas que ayudarían mucho en la
evolución de un infarto de miocardio.
Si hay parada cardio-respiratoria lo primero sería las
maniobras de recuperación de dichos órganos.
Con el individuo en posición de decúbito supino y la cabeza
baja, controlando la posición de la lengua, que no debe de tapar la faringe, comenzar las presiones manuales sobre el manubrio esternal a un ritmo aproximado de 30
por minuto, pasado éste, realizar dos insuflaciones boca a boca intensas que
hagan mover el diafragma del individuo.. Mantener este régimen de 30 manuales + 2 de boca a boca repetidamente, mientras otra persona llama por teléfono al
servicio de urgencias, a ese número que todos deberíamos tener bien notorio en el listín
de nuestro teléfono móvil. Pedir un desfibrilador de campaña y seguir las instrucciones que por
vía acústica éste nos irá dando. En la
actualidad deben de tenerlo los botiquines de cualquier centro comercial. En caso de que se retrasara la llegada del
servicio de urgencia el mantener el ritmo de las presiones y de boca a boca, podría salvar la vida del afectado, ya que de cada 10
paradas cardíacas 9 lo son por fibrilación ventricular recuperables con este
simple método..
Masticación de una aspirina y posteriormente colocación de
un comprimido de nitroglicerina sublingual. La primera que es antiagregante
puede limitar la extensión del infarto, el segundo por ser vasodilatador
coronario también puede también reducirlo.
Tratamiento médico del cuadro por parte de el servicio
médico de urgencia.
Aparte del uso de otros diferentes fármacos a utilizar según
las condiciones del paciente: morfina, hipotensores, , antiarrítmicos,
adrenalina, etc, yo haría hincapié sobre el valor del oxígeno, dado el daño que
ha supuesto su carencia en la fibra miocárdica.
Lo habitual es la infusión de oxígeno a altas
concentraciones por vía, naturalmente nasal. No obstante yo propondría, y esto
es tan sólo una teoría terapéutica mía, el uso en todo tipo de isquemia coronaria de una cámara hiperbárica, similar a la usada por algunos hospitales
en casos de intoxicación con óxido de carbono o en caso de accidentes de buceo
¿Porqué sugiero esta técnica?.... Ahora lo explico.
Hemos de marchar con nuestra imaginación al mundo de los
mares, de los grandes cetáceos, al mundo de lo pingüinos y de las focas
marinas. Todos ellos tienen una condición común: la de ser unos mamíferos y a
la vez unos magníficos buceadores. Todos ellos son capaces de mantenerse bajo
el agua largos períodos de tiempo que abarca desde los 20 minutos hasta varias
horas. ¿Cuál es su secreto? : La Mio-hemoglobina.
Este pigmento, similar a la Hemoglobina, se encuentra en el
interior de la masa muscular. Antes no sabíamos su función, ahora sabemos que
con toda certeza es la de acumular oxígeno que luego se podrá difundir al
aumentar la presión muscular, bien por contracciones, bien por sumergirse en
profundidad a zonas de altas presiones.
Es sorprendente el caso de la ballena que con sus toneladas
de peso pueda mantener una perfusión de oxígeno en todo su cuerpo, durante
horas enteras en las profundidades de lo océanos. ¿Cómo podrá aguantar su
corazón sin la respiración, sus potentísimas contracciones tanto y tanto
tiempo? ¿Cómo puede aguantar su masa muscular impulsora, su poderosa aleta
caudal que no deja de agitarse en un impulso enérgico que la impulsan cientos y
miles de metros, también sin aportar de nuevo oxígeno?
Dicen los evolucionistas que el mamífero procede del mar, y
es cierto que también posee Mio-hemoglobina en sus musculaturas, tanto
esqueléticas como cardíacas. Una sustancia que no sabemos para qué nos puede
servir, pero que todos llevamos en abundancia en toda nuestra masa muscular.
Soy aficionado a la natación y a la pesca submarina y se que
cuanto mayor es la profundidad del buceo, mayor es el aguante sin respirar, eso
sí : con límites muchísimo más limitados que los cetáceos citados. ¿Porqué no
utilizar la potencialidad de este pigmento que la naturaleza nos ha dejado de
reserva? ¿Podría bajar la mortalidad post-infarto si metódicamente se usaran
cámaras hiperbáricas?. Creo que bien mercería la pena el comprobarlo.
A continuación expongo un interesante artículo ( https://www.youtube.com/watch?v=CqkiwEr7c0s ) sobre los beneficios médicos de la cámara hiperbárica, pero en los que se halla ausente el muy posible efecto curativo, según yo creo, en casos de angina de pecho o de infarto de miocardio. Pienso que se podría evitar o aminorar, por la difusión del necesario oxígeno a alta presión la necrosis del músculo cardíaco, y además favorecer la regeneración capilar de esa musculatura, si es que se ha llegado a lesionar. Lamentablemente aún no se utiliza la cámara hiperbárica con este fin.
Mayo del 2007- Diciembre 2024
Jonás