SOBRE EL TRABAJO.-
Empiezo diciendo que el trabajo no es una maldición. En el antiguo Testamento se advertía a Adan y a Eva tras su pecado : "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente". En el nuevo Testamento vemos al Hijo de Dios santificándose en el trabajo durante más de 30 años de manera humilde y silenciosa.
¿ Fue acaso su oficio una maldición para Él. ? Parece que no. Le sirvió a perfeccionarse en el cumplimiento del deber y a superarse en la virtud como hombre, sin perder nunca de vista su misión divina de servicio a todos.
Así el ser humano, también hijo adoptivo de Dios hereda de éste su instinto creador que puede ejercer en las etapas más altas de su maduración.
Es necesaria, pues, una educación completa desde al infancia hasta la edad adulta para que cualquiera de nosotros llegue a considerar el trabajo como una bendición, porque le libera, porque le hace un ser único e irrepetible, porque le impulsa a conocer más y mejor un oficio que es fuente de bienestar para todos. Es el trabajo vocacional, además, fuente de salud psíquica y de autoestima.
Muchas veces pienso en Juan Sebastian Bach porque escucho embelesado alguna de sus composiciones al órgano. No me importa nada su vida dependiente de tratos o carantoñas hacia un rey prusiano caprichoso., tan sólo me importa su obra genial. Igual pienso de otros músicos creadores como Mozart, Beethoven o Tchaikovsky, me importan un pimiento sus vidas privadas, sus ideas o sus anhelos, me importa su obra en la que les descubro a ellos tal como son y eran. Igual podría hacer con todas las artes literarias, o con las ciencias del progreso. No valoro protagonistas, sino hechos de bien para todos.
Es más : no creo ni espero en un cielo de descanso eterno, sino de actividad hacedora, porque somos hijos del Creador. No existe mayor placer que el del deber cumplido y si es tras un largo trabajo sea mi mayor felicitación para el que lo consiga.
No obstante en la vida pocos son los que así piensan. Veo a empleados mirando su reloj para ver si pueden ya dejar de trabajar, veo a otros mirando calendarios de festivos para estudiar sacar el máximo rendimiento vacacional, veo a unos ausentándose de su oficio por el más leve resfriado o gripe, y veo a otros realizando una torpe labor de chapuza que al final ha de ser controlada o corregida por otro compañero. Veo, en una palabra , que la mayoría del personal no trabaja por vocación, sino por necesidad , y consideran al trabajo un castigo que superar. Por otro lado la remuneración del servicio prestado envenena la mente de muchos que tan sólo eligen las profesiones suficientemente productivas para sus ambiciones , abandonando quizás las que más les atraen por sí mismas.
Por eso siempre digo que la felicidad de la vida descansa sobre dos pilares. el trabajo y la familia. Éste último , además , alberga nuevos esfuerzos no pagados.
Es más , pienso que la verdadera santificación posible en la vida no está solamente en los rezos, o en la rectitud moral, sino que está consagrada en el trabajo, sea de casa o de fuera de casa, porque si éste se halla bien realizado es el mayor y único bien que podemos ofrecer a los demás, que son en quienes más realmente se encuentra el mismísimo Dios.
Pues : !Benditos escritores, benditos músicos, benditos técnicos, benditos sanitarios, benditos maestros, benditos cocineros, benditos cómicos, benditos albañiles, benditas amas de casa.¡ ! Entre todos hacéis un mundo respirable¡.
Epicuro 2019