lunes, 1 de abril de 2019

La Vida


EL MILAGRO DE LA VIDA



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 CONSIDERACIONES GENERALES.-

Los elementos químicos naturales se pueden resumir básicamente en tres tipos fundamentales: los hidratos de carbono o glúcidos, las grasas o lípidos y las proteínas, integradas de aminoácidos. Los primeros tienen como fundamental papel el ser fundamentalmente combustibles productores de energía calorífica; las segundas además de esto, son aislantes, sirven de membranas separadoras celulares que, como paréntesis numéricos, hacen posibles las cuentas de la vida; los terceros dan la forma necesaria y adecuada a cada estructura, la dan su resistencia mecánica, son el chasis o el  esqueleto, o las llaves enzimáticas que abren y cierran entradas y salidas,  o las bases inmunes y las responsables de los más complejos fenómenos de la herencia. En una simple bacteria encontramos todo ello en función armónica: unos proteidos-nucleares arropados en  lípidos y enviando mensajes con ARN mensajero al resto de la célula para que, utilizando los glúcidos y los aminoácidos, ésta crezca, asimile, sintetice y se reproduzca. Al final, en vez de muerte, si el medio sigue siendo el adecuado aparecen otras nuevas vidas, nuevos seres bacterianos con exactamente las mismas potencialidades que su antecesor. Este es el verdadero milagro de la vida. Por la  química sabemos que los enzimas  (generalmente  proteínas específicas) son capaces de transformar unas moléculas en otras, y el proceso, mientras exista substrato parece no tener fin,... pero , en realidad,  sí que lo tiene. El enzima, aún con sustrato suficiente,  se agota, se gasta o consume, llegando el final de todo el  proceso. La bacteria, sin embargo no, (ver la imagen de la izquierda). Ella es capaz de regenerarse infinitas veces mientras exista un medio externo adecuado, su substrato.  Es un complejo sistema enzimático capaz de regenerarse íntegramente  a sí mismo y  de multiplicarse sin límite. ¿Cuantos elementos químicos intervienen? ¿10?. ¿100? ¿1000? ¿acaso un millón? ¿mil millones......¿mucho más?.

Lo cierto es que cada vez que el científico identifica un agente químico, vislumbra otros nuevos, como si de una falsa cumbre se tratase para un montañero. Trepando por los riscos de la ciencia, nunca vemos el panorama completo del proceso de la vida. Por eso la teoría mecanicista termina por abocar en una gigantesca interrogación, el gran enigma , el milagro de la vida. Por eso aquellos sabios primitivos, aquellas tribus negras, o aquellos poblados indios, creían que había un espíritu que insuflaba la vida en cada ser, en cada hijo del Gran Manitou, que le empuja  y que cuando se marcha se lo lleva consigo, dejando un leve recuerdo que la muerte dispersará en la tierra y en el tiempo.  "Soplas a los seres y los llenas de vida, retiras tu aliento y desfallecen"·(Salmos).

El ser más diminuto que vive por sí mismo, se reproduce y muere es la bacteria. No así los virus que siempre dependen en su existencia de parasitar a otros seres superiores. Luego de la bacteria vendrían las células en sus dos variantes vegetal y animal, dependientes de la posibilidad de movimiento exterior. Se considera a la célula vegetal un gran   gran avance evolutivo de la bacteria y a la célula animal como otro avance evolutivo de la vegetal..  Mediante unas partículas "inventadas" en su interior, llamadas cloroplastos, como acumuladores,  las células vegetales usan la luz del sol para sintetizar hidratos de carbono, que más tarde  les servirán de fuente energética. La célula  bacteriana y la animal (protozoo)"aprenden" también a construir unas proteínas contráctiles que son capaces de dotar de movilidad a sus pestañas o flagelos o a la propia membranas celulares especiales, como el leucocito de la foto adyacente .Los nucleoproteidos son ya tan complejos que se van agrupando  en cromosomas aislados del resto celular por una membrana lipídica. En la células animales (Metazoos), se organiza la reproducción  citoplásmica de forma asimétrica, es decir haciendo que  las células hijas no sean idénticas. Así, aún con los mismos cromosomas,  cada tipo tendrá un cometido diferente dentro del individuo formado, del que no se separarán, dándole una unidad y un plan pluri-funcional. Ha nacido así el animal superior. Hablamos de avances evolutivos o de inventos adaptativos, como fenómenos que se producen no de una manera espontánea, sino ordenados por una inteligencia superior. Al igual podríamos compara la evolución del automóvil en sus diferentes momentos de la historia que tampoco es propia de la máquina, sino dependiente de las inteligencias humanas que lo han ido construyendo y adaptando a las necesidades de cada momento.



Vida y muerte de la célula

En la derecha tenemos una imagen de un frotis sanguíneo fijado y teñido por el método de Mai-Grunwald_Giemsa. (imagen del autor). Se trata de un leucocito poli-nuclear de función marcadora y fagocítica. Alrededor innumerables hematíes que son células vivas super-diferenciadas que habiendo perdido su núcleo y material cromosómico aún desempeñan durante un período de 20 o 30 días la fundamental misión de transportar el oxígeno y retirar el anhídrido carbónico  desde los alvéolos pulmonares al resto del organismo.

En la imagen inicial vemos  cómo es la  vida celular presentando un citoplasma en el que bullen las partículas mitocondriales impulsadas por el calor enzimático que generan.. Observar este espectáculo, tal como es,  en sus elementos más diminutos, las partículas celulares,  es algo  muy especial y muy pocas veces conseguido. Es observar la vida de la manera más cercana que se puede hacer. Hasta ahora percibíamos la vida por los movimientos del animal en su respiración, su pulso cardíaco o su actividad muscular. A este aumento microscópico podemos observar la vida tal cual es en su propia dimensión citológica.





Trata esta filmación  de  leucocitos en saliva humana, que son procedentes del torrente sanguíneo con la misión  de proteger a la boca de algunas agresiones bacterianas. Está  realizado con  microscopio de contraste de fase en vivo por el propio autor de esta obra.  También se encuentran voluminosas células de epitelio y se percibe el movimiento browniano de las partículas gruesas en suspensión, y un centelleo discreto en la zona más sombría de la derecha, placa rica en bacterias, también dotadas de vida.  Todas las partículas nucleares y bacterianas producen esta intermitencia óptica  además de por el calor químico originado, que produce movimiento,  por leves cambios en sus índices refractivos debidos al continuo anabolismo (síntesis) y catabolismo (destrucción) proteico, cambios cuya visión acentúa el microscopio de contraste de fase.

Célula leucémica
La actividad vital, ese pálpito continuo de partículas observado anteriormente, está presente en todas las células vivas de todos los tejidos de nuestro organismo, incluidos los musculares, los tegumentos, los secretores, los digestivos, los óseos y los nerviosos. Tan sólo ocurre que en estos tejidos, al no ser transparentes a la luz, no pueden ser vistos con la agitación de sus partículas intracelulares, ya que cuando, mediante delgadísimos cortes histológicos conseguimos verlos al fin teñidos, ya se encuentran muertos.                                                                                             
Frotis sanguíneo teñido
Neuronas teñidas
En la célula fijada y teñida no existe movimiento alguno en su interior. Se aprecia la estructura nuclear, vislumbrándose el nucleolo y los cromosomas, así como alrededor del núcleo en claro resalta el "aparato de Golgi". En el citoplasma se pueden ver las numerosas mitocondrias. En estas imagenes últimas se  muestra la total quietud de las estructuras celulares. En la agonía  celular tanto el soluto como  sus partículas citoplásmicas y nucleares  se van coagulando y deteniendo hasta pararse totalmente, manteniendo tras la muerte, observable durante un tiempo la morfología de la antigua célula, más contrastada y definida.  He aquí la esencia de la vida: el movimiento, y la esencia de la muerte: la total quietud .

La causa de la vida.

Procesos y más procesos bioquímicos, biofísicos, mecánicos que se suceden ininterrumpidamente. Cuando el científico, tras largos estudios consigue vislumbrar un paso descubre detrás otros más para investigar. Tras una cumbre aparecen otras diversas,... nunca se termina. Según los mecanicistas la última cumbre está cerca, según los animistas se halla infinitamente alejada. Yo personalmente me inclino por esta última postura ideológica porque parece como que hubiera una inteligencia muy superior a todo, que se vale de todo, que lo calcula todo, que dispone de todo, que no tiene prisa, que no tiene cansancio, que no tiene  límites. Una inteligencia y una voluntad que reanima desde dentro al ser en el fuego organizativo de su propia vida. Una inteligencia superior que agita los palillos de la vida recomponiéndola cada vez que se para, como un malabarista del circo agita ordenadamente con unas varas multitud de platos chinos que giran y giran mientras el maestro los pueda y quiera mantener su movimiento en un alarde de equilibrio y habilidad.

 Pero si nos mantenemos en el ámbito del razonamiento profundo podemos apreciar que va en contra de las propias leyes físicas y químicas el proceso de la reproducción celular. El que una célula se divida en otras dos dos totalmente iguales a ella que crecen y vuelven a dividirse así indefinidamente es un misterio que interroga al verdadero biólogo. Como ya dije antes es cierto que numerosos enzimas, en un medio adecuado,  transforman una sustancia muchas veces en otra distinta, pero siempre es sufriendo un desgaste propio, es decir no es un proceso sin fin. En segundo lugar : se reproduce la sustancia, pero no el enzima productor. En la naturaleza vemos, sin embargo,  como una bacteria engendra a otras idénticas y así sucesivamente, mientras también exista un medio adecuado, sin límite ni desgaste alguno de los elementos productivos, pues se reproducen las innumerables substancias y también sus innumerables enzimas fabricantes.

A esa potencia creadora sin desgaste alguno los creyentes la llamamos Dios. Las plantas y los seres vivos, pensamos, le aclaman con su existencia, con sus colores y olores, o con sus gritos o cantos, o con sus instintos o con sus comportamientos. Los  no creyentes quieren hacer, con un enorme trabajo, repito: con un titánico esfuerzo, protagonista de todo ello al simple azar. Se empeñan en creer que hay relojes sin relojero, que tirando unos dados con letras puede componerse un libro como "Don Quijote de la Mancha", suponen que mezclando unos elementos químicos en una campana de cristal e introduciendo energía en forma de chispas eléctricas al azar puede aparecer, así  porque sí,  la vida. Tratan de cambiar  el término "el que nos creó" por el término "lo que nos creó", porque sólo de esa manera, aun siendo sospechosamente fortuitos, se sienten ellos, los hombres,  los únicos seres  superiores. Estúpida soberbia.

Ya Pasteur, desenmascaró aquel gran error de su tiempo: el de la "generación espontánea". El descubrió seres vivos en lo que se creía una tierra inerte, demostrando que la vida siempre procede de la vida y nada más que de otra vida. El hombre , poco a poco, con los viajes interplanetarios,  se va dando cuenta que este proceso no es un fenómeno gratuito ni generalizado, que no es nada fácil encontrarlo porque es un invento muy frágil que requiere  ambientes muy especiales, temperatura, presión , agua, elementos químicos: Oxígeno, Nitrógeno, Carbono, Hidrógeno, etc,  en la proporción justa,  condiciones que en muy escasos lugares del universo existen, a parte de un "primum movens" heredado que desde adentro le anime a realizar los infinitos procesos químico-mecánicos que veíamos antes animan a la célula viva.

Que la vida viniera a la tierra de otra parte del espacio, inoculada por un meteorito o por un cometa, es algo que  cabe dentro de lo posible, pues  la mano de Dios es lo larga que se quiera,  pero no le quita en absoluto el enorme mérito, la enorme proeza que tiene la invención, quizás en otro lugar de un cosmos que El, sólo El, realizó, la del  Gran milagro de la VIDA celular. Por eso nada de extraño ha de resultar a los cristianos reconocer a Cristo como  Vida, además de como Verdad y Camino. Aquella es  obra permanente suya y está segundo a segundo en sus propias  manos..

Ya lo intuyó, hace bastantes años,  el Dr Marañón, que observando la vida sin complejos,  exclamó: "la vida es un verdadero milagro de Dios. Los médicos hemos, pues,  de creer honradamente en el milagro de la vida y en su Autor.."



Epicuro

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